El satélite de la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) 'Icesat' ha revelado que el hielo de los glaciares de Groenlandia y de algunas zonas de la Antártida se derrite a un ritmo 'récord', lo que provoca la preocupación de los científicos que alertan de las "importantes" consecuencias que tendrá este fenómeno en el futuro en relación con el aumento del nivel de los océanos.
Según publica hoy la BBC, un equipo de expertos británico concluyó, tras estudiar los datos del satélite, que la fusión completa del hielo de Groenlandia "elevaría el nivel del mar alrededor de siete metros". "Todos los glaciares que están cambiando rápidamente son los que desembocan en el mar", explicó recientemente el investigador de la British Antarctic Survey (BAS), Hamish Pritchard.
Igualmente, apuntó que la "rapidez" con la que algunos de los glaciares se dirigen hacia el mar, "supera con creces la velocidad máxima a la que el hielo puede ser devuelto a la tierra a través de la precipitaciones". Los ejemplos "más gráficos" del deshielo proceden de la Península Antártica, principalmente de una región que presenta un nivel de calentamiento mayor que el resto del continente.
No obstante, en muchos otros puntos, tanto de la Antártida como de Groenlandia, las formaciones de hielo "están siendo confrontadas" por aguas más cálidas que están erosionan sus frentes. Además, el equipo explica que la ruptura de las barreras heladas flotantes que normalmente constriñen el flujo de los glaciares "también contribuye al deshielo acelerado, así como el aumento de la temperatura del aire".
81 GLACIARES SE DERRITEN A UN "RITMO INUSUAL"
En este sentido, la investigación muestra que, de los 111 glaciares analizados, el grosor de 81 de ellos "adelgaza a un ritmo dos veces más rápido que el hielo de situado a su alrededor". En el caso de la Antártida, este adelgazamiento se da de forma "masiva", en las capas de la zona oriental, mientras que el hielo de la Antártida occidental muestra un "panorama mixto".
"Uno de los grandes asuntos que preocupan ahora a la glaciología es obtener modelos fijos que sirvan para predecir el modo en que se derriten las capas de hielo, para poder dar una explicación certera a estas observaciones", señaló otro de los autores del estudio, el doctor Pritchard.
Finalmente, el equipo investigador exigió "mejores herramientas" para explicar cómo los cambios en el comportamiento de los glaciares afectará el nivel del mar y advierten de que esta "dinámica de adelgazamiento" va propagándose por todas las latitudes de los territorios helados del planeta.
sábado 26 de septiembre de 2009
Agua en la Luna y Hielo en Marte
Las últimas observaciones espaciales de varias misiones internacionales parecen confirmar la presencia de agua en la superficie de la Luna. Este hallazgo obliga a la comunidad científica a revisar la idea de que este satélite es un astro árido e inerte. Por otra parte, se ha encontrado hielo puro en Marte, lejos de los polos marcianos donde se creía confinado. La revista "Science" publica ambos descubrimientos.
Instrumentos de la NASA a bordo de la sonda india "Chandrayaan-1", lanzada a finales de 2008, y espectrómetros instalados en las sondas "Cassini" y "Epoxi" han confirmado la existencia de agua al analizar la luz que refleja la superficie de la Luna y detectar longitudes de onda compatibles con el enlace químico entre dos moléculas de hidrógeno y uno de oxígeno (H2O). Sólo se han podido captar detalles en un nivel muy superficial de la corteza lunar, apenas unos pocos centímetros bajo la superficie, pero suficientes, según los científicos, para deducir la presencia de agua, que antes se creía limitada a algunos cráteres en sombra perpetua en los polos de la Luna.
"Cuando decimos que hay agua en la Luna no hablamos de lagos u océanos. Agua en la Luna significa moléculas de agua e hidróxilo (un átomo de hidrógeno y otro de oxígeno) que interactúan con moléculas de polvo y roca en las capas superiores de manera específica", explica Carle Pieters, geóloga de la Universidad de Brown y autora principal de uno de los artículos publicados. Todavía se desconoce el origen cierto de esas moléculas de agua, que podrían ser de origen exógeno, provenientes de otros cuerpos externos como meteoritos o cometas impactados contra la superficie lunar, o endógeno, desde el interior del satélite.
La existencia de agua también podría relacionarse con los vientos solares, mantiene otro de los participantes en el trabajo, Larry Taylor, de la Universidad de Tennessee. El proceso de fusión nuclear natural del Sol emite un constante flujo de partículas, protones sobre todo, que reaccionan con el oxígeno del suelo y crean moléculas de agua. La presencia de éstas, aunque limitada, abre nuevas expectativas al renovado interés por futuras misiones a la Luna y, tal vez, para la creación de bases habilitadas con la tecnología necesaria para extraer agua u obtener aire respirable. "Si se pudiera estrujar un metro cúbico de suelo lunar, se obtendría un litro de agua", apunta Taylor.
El segundo hallazgo está relacionado con Marte. Las cámaras de otra sonda de la NASA, la "Mars Reconnaissance Orbiter", identificaron el año pasado cráteres recientes provocados por el impacto de meteoritos contra la superficie marciana. La sorpresa llegó cuando se descubrió la existencia de hielo en el fondo de los agujeros. Se conoce la que hay hielo bajo la superficie de los polos del planeta rojo, pero se ha descubierto que los cráteres helados están en latitudes insólitas, muy cerca del ecuador, donde antes no había constancia alguna ni se esperaba "dado el clima actual de Marte", indica Shane Byrne, de la Universidad de Arizona.
Otro dato sorprendente es el grado de pureza del hielo expuesto por el impacto del meteorito. Dado que el agua se acumula bajo la superficie, en un primer momento se creyó que sería una mezcla al 50% de polvo y hielo. Más tarde se determinó, "por el tiempo que tardó el hielo en desaparecer, que había sólo un 1% de polvo y el 99% restante era hielo puro", aseguró Byrne. Este hielo es una reliquia de un clima pasado mucho más húmedo en Marte no hace tanto tiempo. "Quizá sólo unos miles de años atrás", agrega.
Instrumentos de la NASA a bordo de la sonda india "Chandrayaan-1", lanzada a finales de 2008, y espectrómetros instalados en las sondas "Cassini" y "Epoxi" han confirmado la existencia de agua al analizar la luz que refleja la superficie de la Luna y detectar longitudes de onda compatibles con el enlace químico entre dos moléculas de hidrógeno y uno de oxígeno (H2O). Sólo se han podido captar detalles en un nivel muy superficial de la corteza lunar, apenas unos pocos centímetros bajo la superficie, pero suficientes, según los científicos, para deducir la presencia de agua, que antes se creía limitada a algunos cráteres en sombra perpetua en los polos de la Luna.
"Cuando decimos que hay agua en la Luna no hablamos de lagos u océanos. Agua en la Luna significa moléculas de agua e hidróxilo (un átomo de hidrógeno y otro de oxígeno) que interactúan con moléculas de polvo y roca en las capas superiores de manera específica", explica Carle Pieters, geóloga de la Universidad de Brown y autora principal de uno de los artículos publicados. Todavía se desconoce el origen cierto de esas moléculas de agua, que podrían ser de origen exógeno, provenientes de otros cuerpos externos como meteoritos o cometas impactados contra la superficie lunar, o endógeno, desde el interior del satélite.
La existencia de agua también podría relacionarse con los vientos solares, mantiene otro de los participantes en el trabajo, Larry Taylor, de la Universidad de Tennessee. El proceso de fusión nuclear natural del Sol emite un constante flujo de partículas, protones sobre todo, que reaccionan con el oxígeno del suelo y crean moléculas de agua. La presencia de éstas, aunque limitada, abre nuevas expectativas al renovado interés por futuras misiones a la Luna y, tal vez, para la creación de bases habilitadas con la tecnología necesaria para extraer agua u obtener aire respirable. "Si se pudiera estrujar un metro cúbico de suelo lunar, se obtendría un litro de agua", apunta Taylor.
El segundo hallazgo está relacionado con Marte. Las cámaras de otra sonda de la NASA, la "Mars Reconnaissance Orbiter", identificaron el año pasado cráteres recientes provocados por el impacto de meteoritos contra la superficie marciana. La sorpresa llegó cuando se descubrió la existencia de hielo en el fondo de los agujeros. Se conoce la que hay hielo bajo la superficie de los polos del planeta rojo, pero se ha descubierto que los cráteres helados están en latitudes insólitas, muy cerca del ecuador, donde antes no había constancia alguna ni se esperaba "dado el clima actual de Marte", indica Shane Byrne, de la Universidad de Arizona.
Otro dato sorprendente es el grado de pureza del hielo expuesto por el impacto del meteorito. Dado que el agua se acumula bajo la superficie, en un primer momento se creyó que sería una mezcla al 50% de polvo y hielo. Más tarde se determinó, "por el tiempo que tardó el hielo en desaparecer, que había sólo un 1% de polvo y el 99% restante era hielo puro", aseguró Byrne. Este hielo es una reliquia de un clima pasado mucho más húmedo en Marte no hace tanto tiempo. "Quizá sólo unos miles de años atrás", agrega.
miércoles 23 de septiembre de 2009
¿Se Busca?
Tras el afán de encontrar planetas habitables fuera del Sistema Solar no hay ninguna constructora creativa, sino un puñado de investigadores planetarios que recientemente han comenzado a ver recompensados sus esfuerzos con el hallazgo del primer planeta rocoso, alrededor de otra estrella, con una masa algo superior a la de la Tierra. Se llama Corot-7, recogiendo el nombre del observatorio espacial europeo Corot que lo ha encontrado.
"Nos conformamos con encontrar vida como la nuestra", dice un investigador
La semana pasada se reunió en Cosmocaixa (Barcelona) gran parte de esta hiperactiva comunidad en el congreso internacional Pathways 2009. Senderos hacia planetas habitables. Más de 200 científicos de EE UU, Europa, Japón, China e India, más las agencias espaciales, definieron una hoja de ruta que guíe los nuevos pasos para encontrar otros mundos habitables.
De momento, esta búsqueda ha producido ya grandes éxitos. A fecha de hoy, se han hallado 370 planetas extrasolares en unos 300 sistemas planetarios de una gran variedad. La mayor parte son gigantes gaseosos y calientes del tamaño de Júpiter, pero también se ha identificado una decena de supertierras, con una masa varias veces la terrestre.
Los cazaplanetas quieren acelerar el proceso y tratan de responder la eterna gran pregunta: ¿Estamos solos? Para ello consideran necesario desarrollar nuevos y más avanzados medios de observación. Ni los telescopios espaciales Hubble y Spitzer pueden cubrir la tarea, sólo hallar planetas jupiterianos. El flamante satélite Kepler, lanzado por la NASA en marzo, dará mucha información a partir de enero de 2010, "conoceremos muchos nuevos planetas extrasolares", afirma con ilusión Dimitar Sasselov, de la Universidad de Harvard. ¿Alguno habitable? Seguro que antes de 20 años, dice.
El nuevo reto es no sólo encontrar planetas, sino caracterizarlos, conocer sus propiedades físicas para determinar si son habitables y si pueden albergar vida. Estos científicos planetarios han hecho público un manifiesto en el que piden a las agencias espaciales mayores inversiones. Así como ven adecuado el desarrollo de una misión astrométrica de la NASA, a la Agencia Europea del Espacio (ESA) recomiendan definir otro observatorio de caracterización con la técnica de tránsitos. Una gran misión espacial internacional para estudiar planetas extrasolares puede costar 5.000 millones de euros y se confía en atraer socios como Japón, India o China.
Douglas Hudgins, responsable del Programa de Exploración de Exoplanetas de la NASA, confirma que estos cuerpos "son uno de los componentes con más peso en los planes de la NASA", y, tras reconocer que los recursos actuales dedicados a la astrofísica son limitados, dijo que las inversiones crecerán hacia 2015.
Hace unos meses, se dio un importante paso al anunciarse el descubrimiento de cinco exoplanetas de forma directa a través de la toma de imágenes de la luz que emiten y reflejan. "Estas técnicas son el futuro y hemos de conseguir aplicarlas para hallar planetas tipo Tierra", afirma Ignasi Ribas, investigador del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña y del CSIC.
Las estadísticas indican que en casi un tercio de las estrellas de la Vía Láctea (unos 100.000 millones) existen planetas del tamaño de Neptuno (20 veces el de la Tierra) y el número de cuerpos más pequeños es muy superior. "No sabemos en cuántos de estos planetas aptos para la vida se puede desarrollar ésta bien", añade Ignasi Ribas. "De momento", añade, "nos conformamos con encontrar algo parecido a lo nuestro, vida basada en el carbono, donde el agua líquida es el requisito fundamental". Igualmente la superficie deber ser sólida "para dar estabilidad a la presión y temperaturas atmosféricas", asegura James Kasting, geólogo experto en habitabilidad planetaria de la Penn State University (Estados Unidos).
¿Hay lunas habitables? Científicos como David Kipping de la University College de Londres defienden su existencia fuera del Sistema Solar y ha desarrollado un método para detectarlas y sugiere hacerlo con el telescopio Kepler. Además de las exolunas, James Kasting también se dedica a los planetas extrasolares que orbitan estrellas pequeñas (entre 0,1 y 0,5 veces la masa del Sol). Puede tener gran éxito, dado que esos astros son muy abundantes en la galaxia (el 80%).
Uno de los métodos para caracterizar planetas como la Tierra son los tránsitos planetarios (el planeta se cruza por delante de la estrella visto desde aquí) mediante espectrometría. Permiten desvelar si su atmósfera es compatible con la presencia de agua líquida en superficie e incluso revelar signos de actividad biológica mediante biomarcadores (por ejemplo, la combinación de diferentes tipos de gases). En exoplanetas del tamaño de Júpiter se ha encontrado metano, vapor de agua, dióxido de carbono, "y ahora hemos de hacerlo en planetas más pequeños", dice Ribas.
No es sólo un reto tecnológico, sino también de comprensión. "Deberemos saber analizar los datos en el laboratorio y la revolución de la biotecnología nos permitirá entender la naturaleza básica de la vida", dice Sasselov. Junto con el mediático biólogo Craig Venter, uno de los padres del Genoma Humano, este grupo investiga la asimetría del ADN microbiano.
A los científicos se les acumula el trabajo: "Hemos de comprender cómo se forman y se desenvuelven los sistemas planetarios y si puede haber vida en ellos. Son muchas preguntas que responder", afirma Francesco Pepe, del Observatorio Astronómico de la Universidad de Ginebra (Suiza) y coautor del descubrimiento del planeta Corot-7. Encontrar planetas habitables, advierte Pepe, "no es ninguna garantía de que haya vida, o por lo menos lo que consideramos que es la vida". ¿Colonizaremos uno de estos cuerpos? Pide una gran dosis de realismo: "A miles de años luz, no es posible en la actualidad. Sólo es un sueño del hombre".
"Nos conformamos con encontrar vida como la nuestra", dice un investigador
La semana pasada se reunió en Cosmocaixa (Barcelona) gran parte de esta hiperactiva comunidad en el congreso internacional Pathways 2009. Senderos hacia planetas habitables. Más de 200 científicos de EE UU, Europa, Japón, China e India, más las agencias espaciales, definieron una hoja de ruta que guíe los nuevos pasos para encontrar otros mundos habitables.
De momento, esta búsqueda ha producido ya grandes éxitos. A fecha de hoy, se han hallado 370 planetas extrasolares en unos 300 sistemas planetarios de una gran variedad. La mayor parte son gigantes gaseosos y calientes del tamaño de Júpiter, pero también se ha identificado una decena de supertierras, con una masa varias veces la terrestre.
Los cazaplanetas quieren acelerar el proceso y tratan de responder la eterna gran pregunta: ¿Estamos solos? Para ello consideran necesario desarrollar nuevos y más avanzados medios de observación. Ni los telescopios espaciales Hubble y Spitzer pueden cubrir la tarea, sólo hallar planetas jupiterianos. El flamante satélite Kepler, lanzado por la NASA en marzo, dará mucha información a partir de enero de 2010, "conoceremos muchos nuevos planetas extrasolares", afirma con ilusión Dimitar Sasselov, de la Universidad de Harvard. ¿Alguno habitable? Seguro que antes de 20 años, dice.
El nuevo reto es no sólo encontrar planetas, sino caracterizarlos, conocer sus propiedades físicas para determinar si son habitables y si pueden albergar vida. Estos científicos planetarios han hecho público un manifiesto en el que piden a las agencias espaciales mayores inversiones. Así como ven adecuado el desarrollo de una misión astrométrica de la NASA, a la Agencia Europea del Espacio (ESA) recomiendan definir otro observatorio de caracterización con la técnica de tránsitos. Una gran misión espacial internacional para estudiar planetas extrasolares puede costar 5.000 millones de euros y se confía en atraer socios como Japón, India o China.
Douglas Hudgins, responsable del Programa de Exploración de Exoplanetas de la NASA, confirma que estos cuerpos "son uno de los componentes con más peso en los planes de la NASA", y, tras reconocer que los recursos actuales dedicados a la astrofísica son limitados, dijo que las inversiones crecerán hacia 2015.
Hace unos meses, se dio un importante paso al anunciarse el descubrimiento de cinco exoplanetas de forma directa a través de la toma de imágenes de la luz que emiten y reflejan. "Estas técnicas son el futuro y hemos de conseguir aplicarlas para hallar planetas tipo Tierra", afirma Ignasi Ribas, investigador del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña y del CSIC.
Las estadísticas indican que en casi un tercio de las estrellas de la Vía Láctea (unos 100.000 millones) existen planetas del tamaño de Neptuno (20 veces el de la Tierra) y el número de cuerpos más pequeños es muy superior. "No sabemos en cuántos de estos planetas aptos para la vida se puede desarrollar ésta bien", añade Ignasi Ribas. "De momento", añade, "nos conformamos con encontrar algo parecido a lo nuestro, vida basada en el carbono, donde el agua líquida es el requisito fundamental". Igualmente la superficie deber ser sólida "para dar estabilidad a la presión y temperaturas atmosféricas", asegura James Kasting, geólogo experto en habitabilidad planetaria de la Penn State University (Estados Unidos).
¿Hay lunas habitables? Científicos como David Kipping de la University College de Londres defienden su existencia fuera del Sistema Solar y ha desarrollado un método para detectarlas y sugiere hacerlo con el telescopio Kepler. Además de las exolunas, James Kasting también se dedica a los planetas extrasolares que orbitan estrellas pequeñas (entre 0,1 y 0,5 veces la masa del Sol). Puede tener gran éxito, dado que esos astros son muy abundantes en la galaxia (el 80%).
Uno de los métodos para caracterizar planetas como la Tierra son los tránsitos planetarios (el planeta se cruza por delante de la estrella visto desde aquí) mediante espectrometría. Permiten desvelar si su atmósfera es compatible con la presencia de agua líquida en superficie e incluso revelar signos de actividad biológica mediante biomarcadores (por ejemplo, la combinación de diferentes tipos de gases). En exoplanetas del tamaño de Júpiter se ha encontrado metano, vapor de agua, dióxido de carbono, "y ahora hemos de hacerlo en planetas más pequeños", dice Ribas.
No es sólo un reto tecnológico, sino también de comprensión. "Deberemos saber analizar los datos en el laboratorio y la revolución de la biotecnología nos permitirá entender la naturaleza básica de la vida", dice Sasselov. Junto con el mediático biólogo Craig Venter, uno de los padres del Genoma Humano, este grupo investiga la asimetría del ADN microbiano.
A los científicos se les acumula el trabajo: "Hemos de comprender cómo se forman y se desenvuelven los sistemas planetarios y si puede haber vida en ellos. Son muchas preguntas que responder", afirma Francesco Pepe, del Observatorio Astronómico de la Universidad de Ginebra (Suiza) y coautor del descubrimiento del planeta Corot-7. Encontrar planetas habitables, advierte Pepe, "no es ninguna garantía de que haya vida, o por lo menos lo que consideramos que es la vida". ¿Colonizaremos uno de estos cuerpos? Pide una gran dosis de realismo: "A miles de años luz, no es posible en la actualidad. Sólo es un sueño del hombre".
sábado 19 de septiembre de 2009
El lugar más frio del Sistema Solar
Hasta ahora se creía que el lugar más frío del Sistema Solar podría ser Plutón, puesto que es el que está más alejado del Sol. Sin embargo, la sonda de reconocimiento lunar LRO, lanzada el pasado mes de junio por la NASA, ha aportado un dato sorprendente: el lugar más frío del Sistema Solar se encuentra en la Luna, exactamente dentro de los cráteres oscuros cercanos a su polo sur.
Al medir la temperatura de diferentes partes del satélite, se comprobó su gran variabilidad térmica: si durante el día una gran parte de su superficie puede alcanzar los 104º C, durante la noche la temperatura se desploma. Como al interior de estos cráteres nunca llega la luz solar, permanecen en una eterna oscuridad y jamás suben de los -397º C.
En estas gélidas oquedades además, han encontrado bloques de hielo de miles de millones de años. Éstos, según la NASA, podrían utilizarse no sólo como fuente de agua, sino para obtener hidrógeno y oxígeno. Y es más, pueden mostrar el historial de impactos cósmicos que ha sufrido la Luna e incluso dar pistas sobre las características iniciales del Sistema Solar.
Por otra parte, también han hallado hidrógeno en algunos cráteres y en las regiones que los rodean, así como en las zonas polares (lo que no hace sino apoyar lo descubierto hace ya una década). Esto significa que bajo su superficie hay agua o un compuesto con hidrógeno como el metano (CH4). "Debe de llevar muchos años ahí", dijo el doctor Richard Vondrak, uno de los científicos de la NASA implicados en el proyecto al New York Times. Y añadió: "Lo que todavía no sabemos es cuánta cantidad hay y a qué profundidad está almacenado". Aunque conseguir llegar hasta el fondo es una tarea difícil por la topografía del terreno, empinado y agreste.
"Ahora miramos a la Luna con nuevos ojos", ha admitido Vondrak, al comprobar que tan cerca de la Tierra, se pueden encontrar sorpresas como ésta.
Al medir la temperatura de diferentes partes del satélite, se comprobó su gran variabilidad térmica: si durante el día una gran parte de su superficie puede alcanzar los 104º C, durante la noche la temperatura se desploma. Como al interior de estos cráteres nunca llega la luz solar, permanecen en una eterna oscuridad y jamás suben de los -397º C.
En estas gélidas oquedades además, han encontrado bloques de hielo de miles de millones de años. Éstos, según la NASA, podrían utilizarse no sólo como fuente de agua, sino para obtener hidrógeno y oxígeno. Y es más, pueden mostrar el historial de impactos cósmicos que ha sufrido la Luna e incluso dar pistas sobre las características iniciales del Sistema Solar.
Por otra parte, también han hallado hidrógeno en algunos cráteres y en las regiones que los rodean, así como en las zonas polares (lo que no hace sino apoyar lo descubierto hace ya una década). Esto significa que bajo su superficie hay agua o un compuesto con hidrógeno como el metano (CH4). "Debe de llevar muchos años ahí", dijo el doctor Richard Vondrak, uno de los científicos de la NASA implicados en el proyecto al New York Times. Y añadió: "Lo que todavía no sabemos es cuánta cantidad hay y a qué profundidad está almacenado". Aunque conseguir llegar hasta el fondo es una tarea difícil por la topografía del terreno, empinado y agreste.
"Ahora miramos a la Luna con nuevos ojos", ha admitido Vondrak, al comprobar que tan cerca de la Tierra, se pueden encontrar sorpresas como ésta.
martes 15 de septiembre de 2009
Las autopistas espaciales
En 1772 el matemático Joseph-Louis Lagrange estaba trabajando en el célebre Problema de los tres cuerpos, que busca determinar la forma en que interactúan gravitatoriamente tres cuerpos celestes. Es un problema sumamente complejo, y en esa época -obviamente- no había ordenadores a los que delegarle el trabajo matemático. Buscando simplificar los cálculos, Lagrange descubrió que la trayectoria de un objeto se determina encontrando un camino que minimice la acción con el tiempo, substrayendo la energía potencial de la energía cinética. Esto le permitió reformular parte de la mecánica clásica de Newton para analizar el caso especial en que un cuerpo de masa despreciable se encuentra en órbita alrededor de dos cuerpos más grandes, que a su vez están girando en órbitas casi circulares. Luego de sudar algunos litros de tinta china, encontró cinco puntos fijos específicos en los que el cuerpo pequeño se halla sometido a una fuerza gravitatoria cero. Estos puntos fueron llamados Puntos de Lagrange en su honor.
El trabajo de Lagrange, realizado unos 200 años antes del comienzo de la carrera espacial, ha sido explotado por la NASA y las demás agencias espaciales. Algunas sondas espaciales se encuentran “estacionadas” en los puntos de Langrange que se encuentran cerca de nuestro planeta, representando el papel del “tercer cuerpo de masa despreciable” que interactúa con otros dos mayores: la Tierra y el Sol. Como imaginarás, cada planeta o luna del Sistema Solar posee Puntos de Lagrange propios, que pueden ser aprovechados por las sondas espaciales para permanecer fijas, prácticamente a salvo de los tirones gravitatorios de los cuerpos celestes vecinos. De alguna manera, estos puntos son análogos a las órbitas geosincrónicas que permiten a un objeto estar en una posición "fija" en el espacio en lugar de en una órbita “normal”, en la que su posición relativa cambia continuamente. En los Puntos de Lagrange de Júpiter, por ejemplo, a lo largo de millones de años se han acumulado de forma natural varios miles de asteroides, llamados asteroides troyanos.
Desde hace unos años un grupo de científicos se encuentra elaborando una especie de mapa de autopistas espaciales que pasa por los Puntos de Lagrange. La idea es que las futuras misiones espaciales, puedan utilizar estas rutas para ahorrar combustible y viajar a mayor velocidad entre los planetas, valiéndose de la gravedad. Esto, que parece sacado de una novela de ciencia ficción, es perfectamente posible, solo hay que calcular una serie de trayectorias con mucha precisión. De hecho, ya hemos comenzado a usar este tipo de rutas. La sonda espacial Génesis, que estuvo dos años en el espacio estudiando las partículas solares, volvió a la Tierra en abril de 2004 después de efectuar un “desvío” de casi 4.5 millones de kilómetros. Este desvío no se debió a un mal cálculo de la NASA, si no más bien todo lo contrario: Génesis aprovechó los puntos de Lagrange para moverse ahorrando combustible.
La experiencia de Génesis demuestra que la idea es viable, y que nuestras sondas espaciales pueden hacer sus viajes de la misma forma en que los pájaros planean dejándose llevar por las corrientes de aire, sin hacer grandes esfuerzos ni emplear tanta energía. Génesis usó sólo el 4% de su masa total de combustible en dos años de viaje. Si no hubiese efectuado ese recorrido perfectamente calculado, habría necesitado entre 10 y 15 veces más combustible para efectuar su viaje. La NASA planea enviar, dentro de tres o cuatro años, una sonda a las lunas de Júpiter para averiguar si bajo su superficie existe agua, aprovechando este mecanismo. Si Joseph-Louis Lagrange estuviese vivo, descorcharía una botella para festejar.
El trabajo de Lagrange, realizado unos 200 años antes del comienzo de la carrera espacial, ha sido explotado por la NASA y las demás agencias espaciales. Algunas sondas espaciales se encuentran “estacionadas” en los puntos de Langrange que se encuentran cerca de nuestro planeta, representando el papel del “tercer cuerpo de masa despreciable” que interactúa con otros dos mayores: la Tierra y el Sol. Como imaginarás, cada planeta o luna del Sistema Solar posee Puntos de Lagrange propios, que pueden ser aprovechados por las sondas espaciales para permanecer fijas, prácticamente a salvo de los tirones gravitatorios de los cuerpos celestes vecinos. De alguna manera, estos puntos son análogos a las órbitas geosincrónicas que permiten a un objeto estar en una posición "fija" en el espacio en lugar de en una órbita “normal”, en la que su posición relativa cambia continuamente. En los Puntos de Lagrange de Júpiter, por ejemplo, a lo largo de millones de años se han acumulado de forma natural varios miles de asteroides, llamados asteroides troyanos.
Desde hace unos años un grupo de científicos se encuentra elaborando una especie de mapa de autopistas espaciales que pasa por los Puntos de Lagrange. La idea es que las futuras misiones espaciales, puedan utilizar estas rutas para ahorrar combustible y viajar a mayor velocidad entre los planetas, valiéndose de la gravedad. Esto, que parece sacado de una novela de ciencia ficción, es perfectamente posible, solo hay que calcular una serie de trayectorias con mucha precisión. De hecho, ya hemos comenzado a usar este tipo de rutas. La sonda espacial Génesis, que estuvo dos años en el espacio estudiando las partículas solares, volvió a la Tierra en abril de 2004 después de efectuar un “desvío” de casi 4.5 millones de kilómetros. Este desvío no se debió a un mal cálculo de la NASA, si no más bien todo lo contrario: Génesis aprovechó los puntos de Lagrange para moverse ahorrando combustible.
La experiencia de Génesis demuestra que la idea es viable, y que nuestras sondas espaciales pueden hacer sus viajes de la misma forma en que los pájaros planean dejándose llevar por las corrientes de aire, sin hacer grandes esfuerzos ni emplear tanta energía. Génesis usó sólo el 4% de su masa total de combustible en dos años de viaje. Si no hubiese efectuado ese recorrido perfectamente calculado, habría necesitado entre 10 y 15 veces más combustible para efectuar su viaje. La NASA planea enviar, dentro de tres o cuatro años, una sonda a las lunas de Júpiter para averiguar si bajo su superficie existe agua, aprovechando este mecanismo. Si Joseph-Louis Lagrange estuviese vivo, descorcharía una botella para festejar.
sábado 29 de agosto de 2009
La NASA realiza las primeras pruebas con el propulsor espacial del futuro
La Agencia Espacial Norteamericana (NASA) realizará a las 20.00 horas españolas de este jueves las primeras pruebas con el propulsor espacial del futuro, el 'Ares I', en la ciudad de Promontory (Utah, Estados Unidos), según informó este jueves la entidad.
Estas pruebas se enmarcan dentro de la nueva 'arquitectura' de lanzamiento de la NASA, denominada 'Constelación', ya que la agencia prevé retirar el próximo año los actuales lanzadores y motores y generar una nueva flota espacial.
Así, los dos nuevos motores ahora en fase de construcción serán: el 'Ares 1', que este jueves se analiza y será el encargado de lanzar naves con tripulación, así como un nuevo y pesado motor, el 'Ares 5', que pondrá en órbita el equipo necesario por una cápsula 'Orion', que viajará a la Luna en el futuro, o cualquier otro tipo de nave válida para 'volar' por zonas de la galaxia, hasta ahora desconocidas.
Las pruebas del motor, de tan sólo dos minutos de duración, permitirán a los ingenieros evaluar el funcionamiento del aparato. Este cohete compuesto por cinco segmentos, además, se encuentra situado horizontalmente en una estructura de pruebas, construida para los anteriores cohetes de cuatro segmentos y que ahora se ha modificado para testar el 'Ares 1'.
El resto de la instrumentación del aparato será colocada el próximo mes. El 'Ares 1' tiene casi 47 metros de longitud y su motor llegará a producir dos tercios del calor que genera el Sol. Además, sus 3,6 metros de diámetro serán capaces de desprender hasta 3,6 millones de libras de fuerza.
Estas pruebas se enmarcan dentro de la nueva 'arquitectura' de lanzamiento de la NASA, denominada 'Constelación', ya que la agencia prevé retirar el próximo año los actuales lanzadores y motores y generar una nueva flota espacial.
Así, los dos nuevos motores ahora en fase de construcción serán: el 'Ares 1', que este jueves se analiza y será el encargado de lanzar naves con tripulación, así como un nuevo y pesado motor, el 'Ares 5', que pondrá en órbita el equipo necesario por una cápsula 'Orion', que viajará a la Luna en el futuro, o cualquier otro tipo de nave válida para 'volar' por zonas de la galaxia, hasta ahora desconocidas.
Las pruebas del motor, de tan sólo dos minutos de duración, permitirán a los ingenieros evaluar el funcionamiento del aparato. Este cohete compuesto por cinco segmentos, además, se encuentra situado horizontalmente en una estructura de pruebas, construida para los anteriores cohetes de cuatro segmentos y que ahora se ha modificado para testar el 'Ares 1'.
El resto de la instrumentación del aparato será colocada el próximo mes. El 'Ares 1' tiene casi 47 metros de longitud y su motor llegará a producir dos tercios del calor que genera el Sol. Además, sus 3,6 metros de diámetro serán capaces de desprender hasta 3,6 millones de libras de fuerza.
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